breve diálogo interno postlectura de El instante eterno
-Siempre vienes en ayer. Cuando noto que llegas ya es ayer. Tengo la sensación de que ya te has ido a otra parte y estás haciendo alguna otra cosa mientras aun estoy contigo. ¿Has leido El instante eterno?
-Estoy enferma de melancolía y de espera, la espera eterna me hace vivir en el instante eterno. Y lo mejor de todo es que ni siquiera creo en el largo plazo, no me importa el porvenir. Esa es la verdadera tragedia del ensayo de Maffesoli… no hay futuro ni respuestas.
-Entonces ¿por qué, paradójicamente, vamos aplazando? Y no hablo de aspiraciones, sino de... contemplación participativa. Parece que estuviéramos corriendo hasta la meta y esperáramos que se nos abriera una puerta hacia la verdadera vida, llena de calma y armonía celestial. Pero no hay meta ni puerta y el ritmo de la carrera y hasta el camino nos lo estamos imaginando, ¿verdad?
-Creo que seguimos por inercia la trayectoria que otra gente marca,y cada cual en la amplitud o estrechez del propio túnel…
-La inercia... Por eso dice Maffesoli que el presente en la posmodernidad es una vuelta al destino, en forma de presente puro y de lo imprevisible. Y que las fiestas son un reflejo de la "aceptación lúcida de lo efímero”. Dioses, hombres, consumismo, el Yo… Ahora nuestro imperativo es el instante, hasta el punto de tener que forzar los sentimientos para que se adapten al "todo vale”. Pero ¿eso es todo lo que nos queda?, ¿desencanto, narcisismo, liquidez y hedonismo? Y en realidad cuál es nuestro concepto de placer... si ni siquiera somos capaces de mirar las cosas con ojos de primera vez, de tocar un lunes con tacto de sábado o de hablarnos como si todo.
¿Alguna vez el tiempo volverá a ser eso que se detiene al menos en el momento en que está pasando?
-Nos estamos programando para hacerlo todo cada vez más rápido. También para olvidar, aunque no lo quieras oir. No podrías sobrellevar tantas pérdidas diarias si no olvidaras.
-Lo hago... Y me asusta a qué tipo de historia te lleva esta amnesia consciente. Qué te depara reasignarte a tirar en lugar de arreglar (personas, objetos, sentimientos, situaciones). Impacientarte en la cola para que cuando llegue tu turno, ya estés distraída haciendo otra cosa. Que tu mente y tu cuerpo casi nunca coincidan en el mismo lugar. No comprometerte lo suficiente a nada porque te ahoga la idea de perderte las múltiples experiencias del ahora. La idealización de lo inaccesible y la infravaloración de lo natural, de lo cotidiano.
Mientras la vida gira por inercia, ¿cuántas personas confían en otras, o en sí mismas, sin quemarse las manos? ¿cuántas se detienen a pensar en nuestra macabra asociación entre lo bueno y lo tonto?
La misma idea de vivir el presente satura el presente... Pero qué te voy a decir yo, si todo lo que sé del amor lo aprendí en primavera.
-Estoy enferma de melancolía y de espera, la espera eterna me hace vivir en el instante eterno. Y lo mejor de todo es que ni siquiera creo en el largo plazo, no me importa el porvenir. Esa es la verdadera tragedia del ensayo de Maffesoli… no hay futuro ni respuestas.
-Entonces ¿por qué, paradójicamente, vamos aplazando? Y no hablo de aspiraciones, sino de... contemplación participativa. Parece que estuviéramos corriendo hasta la meta y esperáramos que se nos abriera una puerta hacia la verdadera vida, llena de calma y armonía celestial. Pero no hay meta ni puerta y el ritmo de la carrera y hasta el camino nos lo estamos imaginando, ¿verdad?
-Creo que seguimos por inercia la trayectoria que otra gente marca,y cada cual en la amplitud o estrechez del propio túnel…
-La inercia... Por eso dice Maffesoli que el presente en la posmodernidad es una vuelta al destino, en forma de presente puro y de lo imprevisible. Y que las fiestas son un reflejo de la "aceptación lúcida de lo efímero”. Dioses, hombres, consumismo, el Yo… Ahora nuestro imperativo es el instante, hasta el punto de tener que forzar los sentimientos para que se adapten al "todo vale”. Pero ¿eso es todo lo que nos queda?, ¿desencanto, narcisismo, liquidez y hedonismo? Y en realidad cuál es nuestro concepto de placer... si ni siquiera somos capaces de mirar las cosas con ojos de primera vez, de tocar un lunes con tacto de sábado o de hablarnos como si todo.
¿Alguna vez el tiempo volverá a ser eso que se detiene al menos en el momento en que está pasando?
-Nos estamos programando para hacerlo todo cada vez más rápido. También para olvidar, aunque no lo quieras oir. No podrías sobrellevar tantas pérdidas diarias si no olvidaras.
-Lo hago... Y me asusta a qué tipo de historia te lleva esta amnesia consciente. Qué te depara reasignarte a tirar en lugar de arreglar (personas, objetos, sentimientos, situaciones). Impacientarte en la cola para que cuando llegue tu turno, ya estés distraída haciendo otra cosa. Que tu mente y tu cuerpo casi nunca coincidan en el mismo lugar. No comprometerte lo suficiente a nada porque te ahoga la idea de perderte las múltiples experiencias del ahora. La idealización de lo inaccesible y la infravaloración de lo natural, de lo cotidiano.
Mientras la vida gira por inercia, ¿cuántas personas confían en otras, o en sí mismas, sin quemarse las manos? ¿cuántas se detienen a pensar en nuestra macabra asociación entre lo bueno y lo tonto?
La misma idea de vivir el presente satura el presente... Pero qué te voy a decir yo, si todo lo que sé del amor lo aprendí en primavera.