ese qué se yo
Hay algo que aquel lugar sin nombre sin embargo sí tenía: luz tenue. Tenue armonía, tenue distensión.
La oscuridad lo tapa todo, no sé cómo te puede gustar; precisamente a ti.
Ya sabes lo que creo, la ceguera universal nos haría libres.
Insoportablemente libres -resolviste trágicamente.
Y luego aquella de la esquina se sienta frente a mí. No recuerdo su cara, pero sí su tobillo, en el siguiente fotograma iluminado por un móvil: demasiadotiempohuyendo. Confesión sin espacios. Sin aliento. ¿Quién recuerda su cara? Puede que fuera tan sólo un mensaje. Tal vez sólo palabras que dictan sentencia en mitad de la noche. O quizás, la verdad que se repite a sí misma cada vez que sale del túnel. ¿Ella o yo? Me pregunto. Ella y yo, dos rayos de luz paralelos rebotan en un espejo que sigue las leyes de la reflexión. O... una simple mentira deliberadamente colocada en mitad de la vida que ambas quisimos creer. (Deliberadamente dramáticas).
Ya, ya sé lo que vas a decir: eres demasiado fantasiosa. Sólo un tatuaje, sin más.
Pero ¿dónde el barómetro de diagnóstico para el realismo saludable? ¿y a qué grupo pertenecen los sueños?
Como si tu mente tuviera otros planes, volviste de la abstracción.
Más bien andaba pensando en... contradictoria. Te gustan los bares oscuros y las casas con mucha luz.
Con mi respuesta lo confirmé: no y sí. Pero, oye... Quién no se permite que le habite dentro una pizca de esos ingredientes, sabiendo como sabemos... que la racionalidad es un disfraz, y de ahí lo de entregarnos a delirios compartidos en carnavales y clubs nocturnos. (Eso lo dijo algún sociólogo más inteligente que yo, pero lo secundo).
Otra vez estás cambiando de tema para no destaparte.
Antes de que pudiera arrepentir mi torpeza, tu imaginación voló a una de esas calles de la canción que sonaba de fondo. De las que huelen a cúrcuma de vendedores ambulantes, niñas que aún le ganan al miedo y pintura azul desconchada.
¿Ves? -respiré profundo, intentando compartir tu delirio. Tengo los ojos cerrados y estoy viendo el sol de Chaouen. Puedo ser contradictoria y libre a la vez.
La oscuridad lo tapa todo, no sé cómo te puede gustar; precisamente a ti.
Ya sabes lo que creo, la ceguera universal nos haría libres.
Insoportablemente libres -resolviste trágicamente.
Y luego aquella de la esquina se sienta frente a mí. No recuerdo su cara, pero sí su tobillo, en el siguiente fotograma iluminado por un móvil: demasiadotiempohuyendo. Confesión sin espacios. Sin aliento. ¿Quién recuerda su cara? Puede que fuera tan sólo un mensaje. Tal vez sólo palabras que dictan sentencia en mitad de la noche. O quizás, la verdad que se repite a sí misma cada vez que sale del túnel. ¿Ella o yo? Me pregunto. Ella y yo, dos rayos de luz paralelos rebotan en un espejo que sigue las leyes de la reflexión. O... una simple mentira deliberadamente colocada en mitad de la vida que ambas quisimos creer. (Deliberadamente dramáticas).
Ya, ya sé lo que vas a decir: eres demasiado fantasiosa. Sólo un tatuaje, sin más.
Pero ¿dónde el barómetro de diagnóstico para el realismo saludable? ¿y a qué grupo pertenecen los sueños?
Como si tu mente tuviera otros planes, volviste de la abstracción.
Más bien andaba pensando en... contradictoria. Te gustan los bares oscuros y las casas con mucha luz.
Con mi respuesta lo confirmé: no y sí. Pero, oye... Quién no se permite que le habite dentro una pizca de esos ingredientes, sabiendo como sabemos... que la racionalidad es un disfraz, y de ahí lo de entregarnos a delirios compartidos en carnavales y clubs nocturnos. (Eso lo dijo algún sociólogo más inteligente que yo, pero lo secundo).
Otra vez estás cambiando de tema para no destaparte.
Antes de que pudiera arrepentir mi torpeza, tu imaginación voló a una de esas calles de la canción que sonaba de fondo. De las que huelen a cúrcuma de vendedores ambulantes, niñas que aún le ganan al miedo y pintura azul desconchada.
¿Ves? -respiré profundo, intentando compartir tu delirio. Tengo los ojos cerrados y estoy viendo el sol de Chaouen. Puedo ser contradictoria y libre a la vez.